Quien haya pasado por cambio físico más o menos radical —tras perder 40 kg y ganar otros 15 kg de masa muscular sé más o menos de lo que hablo— sabrá que es un proceso tan exigente como tortuoso y, en mayor o menor medida, relativamente arriesgado en términos de salud si no se hacen las cosas medianamente bien. Y esto es así para el más común de los mortales y para portentos físicos de la talla de Alan Ritchson.

El precio de estar mamadísimo

El actor de 43 años continúa al pie del cañón partiendo cráneos en la gran y en la pequeña pantalla con títulos como la recién estrenada ‘Motor City’ y la cuarta temporada de una ‘Reacher’ que fue testigo de su gran transformación y, durante una entrevista con GQ, la estrella desveló los secretos y los problemas derivados de una rutina de entrenamiento que le terminó pasando factura negativamente —pero que terminó compensando de un modo u otro—.

Por un lado, Ritchson aclaró que los 14 famosos kilos que ganó para prepararse el papel no fueron necesariamente de masa magra, ya que comía una auténtica barbaridad a diario. Eso sí, lo que tiene claro es que fue un proceso totalmente libre de “chuches”.

Quiero aclarar una cosa, porque en todas las entrevistas alguien habla de “14 kg de músculo”. ¡Yo gané 14 kg! No sé cuánto de eso era masa muscular magra. Pasé de 93 kg a 106 kg en mi primer mes; comía una tonelada. No creo que todo eso fuera músculo. Una buena parte lo era, un poco más de la mitad, tal vez. Pero no tomé esteroides ni testosterona.

El actor de 'Reacher' salía en una de las películas más ambiciosas de Robert Zemeckis. Pero sólo de cuello para abajo

Los buenos resultados, eso sí, no fueron sinónimo de una buena praxis. De hecho, el intérprete llegó a sobreentrenar hasta el punto de “destrozar su cuerpo”, obligándole a pasar por una operación y por una terapia de testosterona después de perderla prácticamente en su totalidad por el exceso de ejercicio. 

Solo había una manera de llegar a donde necesitaba estar, y era trabajando duro. Destrocé mi cuerpo, amigo. Fue demasiado. No tenía tiempo para recuperarme. Cuando me distendía algo, pensaba: “¡No me importa! ¡Voy a seguir entrenando de todos modos!”. Y terminé sufriendo las consecuencias.

Cuando terminé [la primera temporada], tuve que operarme. No podía respirar bien. Me hice un análisis de sangre y descubrí que ya no tenía testosterona [debido al exceso de entrenamiento]. Mi médico me dijo: “Necesitas hacer terapia con testosterona”. [La terapia con testosterona] fue un verdadero regalo, porque ahora puedo mantener este físico con facilidad. Mis entrenamientos son cortos e intensos, quizás 30 minutos al día.

No obstante, el bueno de Alan deja clara una cosa: la personalidad es muchísimo más importante que el tamaño, y su querido Jack Reacher lo demuestra episodio tras episodio.

No hay duda de que la gente le da mucha importancia a su tamaño, pero, para mí, el personaje es mucho más que eso. Su esencia está, en realidad, en su sentido del humor sarcástico, que es increíblemente divertido de interpretar. Es un tipo inteligente y no tiene miedo de ser astuto. Ese humor es lo que le da profundidad como personaje y también mantiene al público entretenido.

Vía | AdoroCinema

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