Durante las últimas cinco décadas, Sylvester Stallone ha sido una de las grandes fuerzas industriales del cine comercial. No solo creó a dos de los personajes más icónicos del cine –Rocky Balboa y John Rambo– sino que, además, entendió antes que muchos estudios cómo convertir un éxito puntual en una saga duradera.
Tras el impacto de ‘Rocky‘ en 1976, la demanda del público fue inmediata: querían ver al boxeador volver al ring y ganar. El éxito de ‘Rocky II‘ confirmó que la franquicia estaba llamada a convertirse en la marca definitiva de Stallone, pero el actor no quería depender de un solo personaje. Con ‘Acorralado‘ en 1982 consiguió exactamente eso: un nuevo héroe y una nueva saga. Sin embargo, la máquina de las franquicias tiene una cara oscura: pocas sobreviven más allá de cuatro o cinco entregas sin agotarse creativamente.
La trilogía que nunca fue
A finales de los 80, tanto ‘Rambo III‘ como ‘Rocky V‘ empezaron a mostrar síntomas de fatiga, el público perdió interés y Stallone se encontró en los 90 con un panorama menos favorable. Por eso sorprende descubrir que él mismo reconoce que su “mayor arrepentimiento” fue no haber convertido en franquicia tres películas de culto como ‘Cobra‘, ‘Tango & Cash‘ y ‘Demolition Man‘.
En una entrevista con GQ, Stallone identificó abiertamente esas oportunidades perdidas. Dijo que cree que tenían potencial para convertirse en sagas: “probablemente tenían al menos tres películas, pero quizá me dio pereza”. Y era una posibilidad real, porque en los 80 y 90, si un personaje conectaba, había secuelas. Pero algo se torció por el camino.
Las tres películas funcionaron bien a escala mundial, pero su desempeño en la taquilla estadounidense fue discreto en comparación con sus presupuestos. ‘Cobra’ recaudó 49 millones sobre un presupuesto de 25, ‘Tango & Cash’ hizo 63 millones contra 54, y ‘Demolition Man’ ingresó 58 millones pese a haber costado cerca de 77. Ante ese panorama, los estudios eran reacios a hacer secuelas que recaudarían menos todavía. Y había un factor extra: en 1986, cuando ‘Cobra’ llegó a los cines, Stallone ya tenía dos franquicias millonarias en marcha, por lo que probablemente no necesitaba una tercera.
Más allá de los números, la decisión nos ha dejado pensando en lo que pudo haber sido. ‘Cobra’ era una versión exagerada y deliciosamente primaria del arquetipo de ‘Harry el sucio‘ dirigida por George P. Cosmatos con un frenesí estético que abrazaba la violencia y la estética ochentera. Una secuela de ‘Tango & Cash’ habría dado más tiempo en pantalla a una dupla con una química insólita entre Stallone y Kurt Russell. Y ‘Demolition Man’ tenía un universo futurista lleno de oportunidades narrativas, además de un antagonista tan magnético como el Simon Phoenix de Wesley Snipes.
Al final, Stallone volvió a refugiarse en las sagas que ya conocíamos. Reactivó ‘Rocky’ y ‘Rambo’, y creó una nueva franquicia con ‘Los mercenarios‘, pero es difícil no pensar en lo que habría hecho hoy con Michael “Cobra” Cobretti, Ray Tango o John Spartan en un Hollywood que vive obsesionado con ampliar universos. Quizás tres franquicias extra habrían cambiado por completo la percepción de su filmografía en los 90. Aunque nunca digas nunca.
En Espinof | “Esquivé esa bala durante dos o tres años”. Sylvester Stallone explica por qué se negó en rotundo a que Rocky muriera













