El
antaño
noble
oficio
del
periodismo
vive,
desde
hace
mucho
tiempo,
horas
bajas.
Aunque
ahora
saliera
a
la
luz
un
Watergate,
quedaría
enfangado
enseguida
a
base
de
columnas,
réplicas,
fake
news,
comentarios
de
bots
en
redes
sociales,
debates
en
programas
matutinos
e
incluso
por
los
propios
mandatarios,
que
se
aprovecharían
de
las
falsedades
informativas
para
auparse
o
destrozar
al
contrario.
Por
suerte,
estoy
bastante
seguro
de
que
casi
todos
los
periodistas
(sobre
todo
los
recién
licenciados
y
los
viejos
lobos),
hoy
por
hoy,
quieren
ser
objetivos,
decir
la
verdad,
bajar
a
la
calle
y
desenmascarar
las
villanías
de
la
corrupción.
Pero
en
el
día
a
día
hay
que
pagar
un
alquiler,
y
toca
plegarse
a
los
cutres
y
apolillados
estándares
de
la
macro-corporación
que
paga
las
facturas
y
correr
en
su
línea
ideológica,
estés
más
o
menos
de
acuerdo
con
la
misma.
Y
si
no
te
gusta,
hay
una
IA
esperando
su
momento
para
sustituirte.
El
cine,
por
suerte,
sigue
confiando
en
lo
romántico
del
periodismo
con
películas
como ‘Septiembre
5’,
un
grito
desesperado
por
la
verdad
y
la
objetividad
en
mitad
del
tejemaneje
y
la
engañifa
que
no
llegará
a
los
oídos
que
deberían
escucharlo.
Periodismo
B.C
(Before
Clickbait)
La
película
de
Tim
Fehlbaum
tiene
un
claro
destinatario:
las
personas
que
nos
emocionamos
al
ver
una
sala
de
control,
un
presentador
microfonado,
unas
caretas
de
entrada
y
salida
de
hace
cincuenta
años,
una
carrera
contra
el
reloj
por
contar
la
verdad
cueste
lo
que
cueste.
Y
lo
hace
prácticamente
sin
salir
de
las
cuatro
paredes
de
un
estudio
de
grabación
en
las
Olimpiadas
de
Munich
para
contar
el
mismo
evento
real
que
Steven
Spielberg
plasmó
en
‘Munich’,
pero
desde
otra
perspectiva
(que,
me
atrevo
a
decir,
es
más
interesante).
Esta
especie
de “cara
B”
es
un
esfuerzo
por
mostrarle
al
mundo
lo
que
debería
ser
el
oficio,
repleto
de
adrenalina,
sorpresas,
giros
inesperados,
ganas
de
mostrar
la
valía
personal
y,
por
supuesto,
aguantar
inevitables
decepciones.
No
deja
de
ser
curioso
que
una
película
que
se
pregunta
muchas
cosas
sobre
la
ética
profesional,
la
necesidad
de
verlo
todo
y
de
posicionarse,
que
aboga
tanto
por
la
neutralidad
y
la
falta
de
manipulación
en
el
mass
media,
tenga
un
discurso
sesgado,
tomando
parte
-de
manera
quizá
inconsciente-
en
uno
de
los
mayores
temas
de
actualidad:
el
genocidio
israelí
en
Palestina.
Por
supuesto,
sí,
lo
sé,
las
películas
tardan
años
en
levantarse.
Es
cierto,
pero
no
lo
es
menos
que
los
estudios
las
aprueban
a
toda
velocidad,
muchas
veces,
para
posicionarse
en
un
clima
político
candente,
y
algunas
secuencias
de ‘Septiembre
5’
no
se
diferencian
tanto
de
la
pura
y
dura
propaganda
o
de
los
posts
de
Facebook
con
los
que
las
generaciones
mayores
se
alarman.
Y
es
una
pena.
Lo
es,
porque
‘Septiembre
5’
es
una
película,
en
lo
meramente
cinematográfico,
más
que
solvente.
No
es
la
obra
maestra
que
algunos
medios
americanos
calificaron
al
inicio
de
la
temporada
de
premios,
cuando
parecía
que
iba
a
estar
nominada
a
muchísimos
Óscar,
pero
dista
mucho
de
ser
un
desastre.
Sabe
respetar
su
propio
ritmo
a
la
perfección,
midiendo
los
tiempos
y
caminando
continuamente
en
un
crescendo
fabuloso
hasta
llegar
al
final
que,
tristemente,
todos
conocemos.
Por
el
camino
tenemos
personajes
que
dudan
de
su
propia
condición
de
periodistas,
traductoras
alemanas
avergonzadas
de
su
pasado,
dudas
continuas
sobre
el
morbo
y
lo
noticiable,
y
bruscos
cambios
de
sentido
en
la
vida
de
un
grupo
de
reporteros
deportivos
sin
experiencia
en
otros
ámbitos
reconvertidos
en
los
cronistas
del
secuestro
y
asesinato
de
once
personas
del
equipo
olímpico
israelí
en
las
Olimpiadas.
Últimas
noticias
desde
1972
Como
digo,
hay
un
público
muy
específico
para
esta
película,
que
acaba
de
relamerse
al
conocer
el
argumento.
Si
te
ha
dado
pereza
o
has
pensado
que
es
una
película “de
padre”,
lo
cierto
es
que
probablemente
no
esté
hecha
para
ti: ‘Septiembre
5’
es
una
cinta
fantástica
en
lo
que
hace,
pero
que
en
ningún
momento
trata
de
sorprender
o
de
innovar
en
su
propio
género.
Es
modélica,
siempre
viva
y
se
acerca
todo
lo
que
puede
al
prestigio,
alejándose
del
tan
denostado “cine
de
tarde”,
pero,
pese
a
sus
buenas
intenciones,
y
quizá
por
ser
una
historia
de
la
que
ya
conocemos
todos
sus
detalles,
este
thriller
periodístico
nunca
llega
a
tenerte
al
borde
del
asiento
a
pesar
de
derrochar
adrenalina.
Entonces,
si
es
tan
buena,
¿por
qué
los
Óscar
la
han
ignorado
salvo
en
la
categoría
de
guion?
Bueno,
todos
sabemos
-o
deberíamos
saber-
que
estos
premios
son
un
negocio
para
los
publicistas
y
un
juego
para
los
espectadores,
y
que
una
estatuílla
no
necesariamente
te
abre,
hoy
por
hoy,
las
puertas
del
Olimpo
del
Cine.
Pero,
efectivamente,
si
The
Hollywood
Reporter
la
tuvo
entre
sus
favoritas
para
ser
nominadas
hasta
que
se
vio
claro
que
la
temporada
de
premios
iba
por
otro
lado,
era
por
algo:
cualquier
otro
año, ‘Septiembre
5’
podría
haber
arrasado
en
las
nominaciones.
El
problema
es
que,
desde
hace
un
tiempo,
los
premios
son
inescrutables
a
meses
vista
y
nunca
se
sabe
si
el “Óscar
bait”
va
a
dar
sus
frutos.

Si
eres
de
los
que
va
al
cine
esperando
una
película
con
grandes
extravagancias
visuales,
con
imágenes
y
diálogos
que
llenen
la
pantalla, ‘Septiembre
5’
te
puede
decepcionar,
porque
sus
logros
están
en
otro
lado.
Por
un
lado,
un
guion
de
hierro
repleto
de
giros,
plagado
de
personajes
carismáticos
y
que
se
sienten
como
reales,
plasmados
con
un
tono
que
jamás
abandona
su
senda
para
que
el
guionista
o
el
director
se
luzcan
ni
trata
de
convertirse
en
otra
cinta
distinta.
Por
otro,
un
ritmo
inaudito
y
fantástico,
que
se
amolda
a
la
historia
que
está
contando
y
no
baja
el
pie
del
acelerador
en
ningún
momento
(ni
tan
siquiera
cuando
parece
que
todo
el
pescado
está
vendido).
El
resultado
no
pasará
a
la
historia,
pero
resulta
francamente
apreciable.
Además, ‘Septiembre
5’
acierta
al
hacerse
las
preguntas
adecuadas.
¿Hasta
dónde
debe
llegar
la
prensa
para
contar
la
verdad?
¿Dónde
se
convierte
la
verdad
en
simple
morbo?
¿Puede
una
cámara
apuntando
al
lugar
correcto
cambiar
el
curso
de
la
historia
(para
bien
o
para
mal)?
Es
siempre
emocionante,
adrenalítica,
intrigante
y
-por
qué
no
decir
la
palabra
maldita-
entretenida.
Ha
tenido
un
timing
absolutamente
fallido
en
su
estreno,
posiblemente
de
manera
involuntaria
por
parte
del
director
y
su
equipo
(no
así
de
su
productora
y
su
distribuidora),
pero
merece,
sin
duda,
más
atención
por
parte
del
público,
que
la
ha
acogido
con
cierta
frialdad.
Al
fin
y
al
cabo,
cualquier
otro
año
podría
haber
estado
nominada
a
ocho
Óscars
y
convertirse
en
la
reina
del
discurso…
por
mucho
que,
ahora
mismo,
deba
conformarse
con
permanecer
a
la
sombra,
al
menos
hasta
que
llegue
el
momento
de
lucirse
en
el
streaming.
Hasta
entonces,
asegurémonos
de
que
nuestras
cámaras
apunten
al
sitio
adecuado
y
en
el
momento
preciso.
Como
la
realidad
se
preocupa
en
subrayarnos
todos
los
días,
parece
fácil,
pero
en
un
ecosistema
social
donde
cada
uno
tiene
su
propia
cámara
en
el
bolsillo,
es
más
complejo
que
nunca.
En
Espinof
|
Las
películas
más
esperadas
de
2025














