Para el pueblo argentino, un enfrentamiento contra Inglaterra no un partido de fútbol más. La herida abierta por la Guerra de Malvinas en 1982, con la pérdida de cientos de jóvenes soldados, reflotó con choque del Mundial México 1986, en el cual Diego Armando Maradona se transformó en bandera con dos goles épicos en Estadio Azteca.
El “10” no ocultó nunca su rivalidad con los ingleses, la cual traspasaba la cancha.
En la previa del enfrentamiento de cuartos de final, antes de salir al campo de juego aquel 22 de junio, “Pelusa” envió un mensaje directo a sus compañeros, conectando el partido con el dolor que se vivió un país: “Estos hijos de puta nos mataron a algún primo, nos mataron a algún vecino, nos mataron a algún amigo. Les pido por favor, muchachos, que nos pongamos el cuchillo entre los dientes y salgamos a pasarle por arriba a estos ingleses”.

En ese encuentro, Maradona marcó dos goles, los dos recordados por los siglos de los siglos.
El primer gol, ejecutado con la mano ante la salida de Peter Shilton, fue catalogado por los ingleses como una trampa. Sin embargo, para Maradona y millones de argentinos, ese gesto tuvo un significado de rebeldía. Años mas tarde, el propio Diego explicaría su picardía: “Cuando marqué con la mano contra Inglaterra, todos lo llamaron trampa. Yo lo llamé la ‘Mano de Dios’. En ese partido no solo jugábamos al fútbol, jugábamos por todo lo que había pasado con la Guerra de las Malvinas”.

El astro del fútbol mundial siempre tuvo claro que aquel triunfo no iba a cambiar lo sucedido en la guerra, pero sabía que tenía un significado especial: “Con Inglaterra, que nos habían matado muchos chicos en la guerra de Malvinas, una guerra absurda. Era como pagarle a los ingleses a nivel deportivo y humano.”
“Soy un tipo normal que por hacerle un golazo a los ingleses, que nos mataban a los pibes en Malvinas, hoy todo el mundo me reconoce porque el abuelo se lo contó al padre, y el padre se lo contó al hijo”, recordó décadas después de aquella gesta.

Por último, repasamos su respuesta a cuando recibió críticas de Margaret Thatcher, primera ministra, quien cuestionó la legitimidad de la “mano de Dios”: “Yo les voy a recordar que Inglaterra le ganó una final a Alemania con un gol que no fue, que lo vimos todos en el Mundo y nadie dijo nada. La historia no se cambió. A mí no me pueden juzgar de ninguna manera”, sostuvo apelando a la propia historia del fútbol con rapidez.













