Aunque prometía convertirse en el gran relevo televisivo de ‘Yellowstone’, la primera temporada de ‘Marshalsha terminado confirmando todos los problemas que arrastraba desde el inicio. El spin-off protagonizado por Luke Grimes como Kayce Dutton cierra su tanda de episodios con la revelación de su supuesto gran villano: Tom Weaver, un ranchero interpretado por Chris Mulkey que llevaba moviendo los hilos en la sombra desde hacía tiempo. 

El problema es que la serie nunca dedicó suficiente espacio al personaje como para que el giro tuviera el impacto que merecía. Entre tramas policiales semanales, conspiraciones familiares, dramas militares, conflictos territoriales y comentarios sociopolíticos, ‘Marshals’ ha acabado convertida en una ficción incapaz de decidir qué quiere ser. Y cuando finalmente intenta jugar la carta del gran antagonista oculto, la sensación es más de indiferencia que de sorpresa.

A partir de aquí habrá spoilers de la serie

Llega demasiado tarde

Tom Weaver apareció por primera vez como una especie de sustituto de John Dutton, un ranchero aparentemente tranquilo que podía ayudar a Kayce a reconstruir su vida lejos del caos familiar. Pero tras unos pocos episodios desapareció casi por completo, dejando que la serie se perdiera en casos episódicos y conflictos secundarios. Cuando finalmente se revela que era el responsable de la violencia contra los Dutton y del intento de asesinato contra Rainwater, el golpe dramático apenas funciona porque el personaje apenas había tenido presencia real.

'Marshals' debería seguir el ejemplo de 'Rancho Dutton' si quiere mantener la esencia de 'Yellowstone' antes de que sea tarde

Uno de los grandes problemas de ‘Marshals’ ha sido su incapacidad para decidir si quería ser un thriller criminal, un western contemporáneo o un drama familiar. Cada episodio parecía abrir nuevas líneas argumentales sin desarrollar del todo ninguna. La historia de Garret, el antiguo compañero de los SEAL de Kayce, el conflicto con las reservas indígenas o los secretos de los Dutton parecían pertenecer a series distintas que convivían sin demasiada cohesión.

Antes de Weaver, todo apuntaba a que Randall Clegg (Michael Cudlitz) sería el gran enemigo de la temporada. La serie presentó a su familia como rivales históricos de los Dutton y construyó un conflicto que parecía central -para resolverlo apenas unos episodios después-. Ese volantazo narrativo terminó debilitando todavía más el misterio principal y nos dejó la sensación de que los guionistas iban improvisando sobre la marcha.

Randall Clegg en 'Marshals'

Mientras ‘Marshals’ salta de una idea a otra sin detenerse demasiado en ninguna, ‘Rancho Dutton’ ha apostado por construir lentamente a sus personajes y conflictos. Por eso allí cualquier traición o cambio de alianzas son mucho más efectivos. Incluso con menos episodios emitidos, el otro spin-off de ‘Yellowstone’ ya tiene una identidad mucho más sólida que la serie de Kayce Dutton.

La revelación de Weaver como enemigo definitivo debería haber sido el gran momento de la temporada, especialmente después del secuestro de Tate y los ataques coordinados contra la familia Dutton. Pero el desenlace termina evidenciando el verdadero problema de ‘Marshals’: hay tantas cosas ocurriendo al mismo tiempo que ninguna termina de importar del todo. Y eso es un problema que debería atajarse antes o después.

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