La cineasta es más juguetona y picante en su propuesta, que es uno de los mejores filmes de 2026

Por Andrea Zamora

En La invitación el personaje de Edward Norton le da un consejo al de Olivia Wilde: debería cambiar las ventanas porque las que tiene no responden bien al calor. Ella contesta que su casa siempre está fría. “Nunca se sabe”, remata él. La frase, cuando termina la película, adquiere un significado diferente. Suena y sabe a premonición, a aviso de lo que va a ocurrir en este filme, un ‘remake’ de la española Sentimental (2020) de Cesc Gay con el que Wilde vuelve a la dirección tras el desastre de ciencia ficción No te preocupes querida (2022).

Angela y Joe son pareja. Llevan casados muchos años y tienen una hija en común. Angela ha invitado a sus vecinos de arriba, Pina y Hawk, a cenar a casa y a Joe, la verdad, no le apetece nada. Pero Angela lo tiene todo preparado y hasta ha comprado una alfombra nueva para recibirlos. Al principio de La invitación, todo es un toma y daca entre Angela y Joe, entre Wilde -que también actúa- y Seth Rogen. La película acaba de empezar y todo va a un ritmo vertiginoso: la edición, el movimiento de los actores por el apartamento en el que transcurre la acción, los diálogos y las expresiones. El nerviosismo y malestar de los protagonistas se contagia a la forma, que funciona para poner acento de lo que está ocurriendo en la historia.

El ritmo se irá relajándose, pero para eso tienen que llegar los invitados. Antes de que lo hagan, La invitación ha dejado claras unas cosas: Angela y Joe llevan acumulados muchos años de cosas sin decirse, él tiene problemas de espalda y a ella le encantaría tener un orgasmo como el de su vecina, la de arriba, la que está a punto de bajar. En plena pelea llegan Pina y Hawk. Son encantadores, son guapos, son carismáticos, son divertidos y son exóticos. La visita de la atractiva pareja será como una especie de sueño febril para los protagonistas, una aparición casi mística con la que podrán compararse, excitarse y recordarse. Digamos que más que un encuentro, Pina y Hawk van a ser la terapia de parejas que Angela y Joe necesitan.

El espectador es un mirón

Olivia Wilde, Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz en 'La invitación' Annapurna Pictures / FilmNation Entertainment / Permut Presentations / Invite Productions, Inc
Olivia Wilde, Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz en ‘La invitación’

La invitación tiene mucha teatralidad -la Sentimental de Gay es una adaptación de una obra-, pero Wilde es inteligente y sabe que esto es cine y que el escenario y el decorado están ahí para usarse. La cineasta exprime los espacios de la casa y sus encuadres, convirtiendo al espectador en un mirón al que le da mucha información solo con las imágenes: usa los espejos para mostrar a dos personajes manteniendo una conversación y los marcos de las ventanas para separarlos. Hay mucho voyerismo en La invitación. De nuevo, la historia contagia a la forma.

Wilde lo aprovecha todo: un jarrón para crear un pequeño momento cómico, la luz de una lámpara para iluminar, desde abajo, la cara de uno de los personajes cuando está mostrando su peor versión. Y, claro, no se olvida de la música, que le sirve para remarcar las emociones de las situaciones.

Pero La invitación, además de ser una delicia visual y sonora, es, sobre todo, una película de actores. Una expresiva y divertidísima Wilde se empareja con el cínico Rogen, y una majestuosa Penélope Cruz con el apacible Edward Norton. Los cuatro perfeccionan la película. No puedes dejar de mirarlos.

La película española era buena, pero la de Wilde es mejor. La directora ha creado uno de los mayores placeres de este año siendo mucho más juguetona que la propuesta original. Los personajes tienen más profundidad y, a la vez, matices -los de Gay están más cerca de los extremos- y los momentos cómicos suenan con más precisión. La invitación de Wilde es, además, más picante y se atreve a ir más allá.

Hay que agradecer que a Wilde le saliera tan mal No te preocupes querida y regrese detrás de las cámaras con algo más pequeño, pero tan disfrutable. La invitación te exorciza todos los males. Es una de las mejores películas de 2026. Al final, Norton tenía razón: era mejor cambiar las ventanas.